Pranayama - La Ciencia de la Respiración

Pranayama es uno de los cinco elementos del Hatha Yoga (los otros cuatro son Asana, Mudra, Kriya y Bandha). El término en sánscrito surge de la conjunción del prana (energía vital procedente de la respiración) con el yama (control).

Bikram dice que “la raíz de todos los problemas es que el corazón odia a los pulmones”.

¿Qué quiere decir?

De acuerdo a Guy Cornut, “la cantidad de aire que se mueve (durante la respiración en reposo) es de 400 a 500 ml” (Ruiz, 212). Esto no es nada comparado con la cantidad de aire introducida a los pulmones durante la llamada “inspiración forzada” (llenar los pulmones a su máxima capacidad): 3,000 ml. Y a esto todavía hay que agregarle los 1,200 ml de “aire residual”, el que queda después de una respiración forzada.

¡O sea que una persona en promedio usa menos del 12% de su capacidad pulmonar!

El corazón es el órgano encargado de llevar el oxígeno, a través de la sangre, a cada una de las células del cuerpo, oxígeno que ingresa al organismo a través de la respiración. Y si el aparato respiratorio es un haragán que no trabaja ni al 12%... ¡con razón el corazón odia a los pulmones!

La práctica de yoga nos ofrece como solución a este problema el Pranayama, es decir, aprender a controlar nuestra respiración.

La técnica de Pranayama utilizada en Bikram Yoga es precisa, clara, sencilla y enfocada directamente a mejorar la elasticidad de los pulmones, músculos intercostales y caja torácica, usándolos a su máxima capacidad. Además, uno de los beneficios del calor (Bikram Yoga se practica a 42ºC ) es el aumento de la oxigenación celular a través del flujo sanguíneo, así que ¡entre más aire metas a tus pulmones, mejor!

Empezamos con los pies bien juntos; piernas, glúteos y abdomen contraídos. Así deben permanecer durante todo el ejercicio. Esto es para dar una base firme al cuerpo y aislar el movimiento sólo a la parte superior, concentrándonos en el sistema respiratorio. Los diez dedos van entrelazados y pegados firmemente a la barbilla, para guiar el movimiento de los brazos. Durante la inhalación, los codos se elevan hacia el techo para darle espacio a la caja torácica de expandirse; y durante la exhalación, los codos se juntan hacia el frente, lejos del pecho, para comprimir al máximo y sacar todo el aire de los pulmones. Durante la inhalación, la cabeza está en posición normal, para permitir el ingreso libre de aire, a través de la nariz; y durante la exhalación, la cabeza se echa hacia atrás, para abrir la tráquea y permitir que la máxima cantidad de aire salga, a través de la boca.


Aparte del movimiento, hay dos aspectos que considerar para aprovechar al máximo este ejercicio.

Primero: el sonido. Tanto la inhalación como la exhalación pasan a través de la garganta. Esto es para controlar el flujo de aire y apoyar el proceso de calentamiento del cuerpo. Al forzar el aire en la garganta, se produce un sonido característico. Algunos lo describen como un ronquido, el zumbido de un enjambre de abejas, o como la respiración de Darth Vader. El objetivo es que, puesto que la inhalación y la exhalación deben ser al máximo, el sonido habrá de ser igual, en volumen e intensidad, tanto cuando metes aire como cuando lo sacas.

Segundo: el tiempo. Inhalación y exhalación se realizan en seis segundos. No más, no menos. Recuerda que yama significa “control”. Y hablamos del control de la mente sobre el cuerpo, no a la inversa. Así que aprovecha este ejercicio para enseñarle a tu sistema respiratorio a trabajar de esta manera, sin prisas.



Referencias

Choudhury, B. (2002) Bikram’s Beginning Yoga Class. EUA: Yoga College of India

Ruiz, M. (1994). Desarrollo profesional de la voz. México: Escenología.

Conferencias con Bikram Choudhury. Teacher’s Training, Spring 2007. Hawaii